lunes, junio 1

De señalar a encubrir, el doble rasero de la derecha con el acoso a las mujeres en los partidos políticos

¿Ha estado el Partido Popular encubriendo a un supuesto acosador mientras daba lecciones de feminismo?

El supuesto caso de acoso sexual que habría cometido el alcalde popular de Móstoles, Manuel Bautista, contra una edil de su formación ha hecho aflorar el verdadero rostro del PP. No se trata de una cuestión que afecte solo a los populares a nivel municipal. Tal y como nos han hecho saber en el PP de Isabel Díaz Ayuso, en un intento por escurrir el bulto, el caso acabó siendo investigado por el Comité de Ética y Garantías a nivel nacional.

Al igual que a nivel autonómico, el PP nacional dio carpetazo al asunto sin ni siquiera escuchar a la denunciante. Por lo que se puede deducir que han estado amparando durante dos años a un supuesto acosador —en sus propias palabras para otros casos, cuando el escándalo ha sido en las filas del PSOE: “un guarro”—, mientras en público daba lecciones de feminismo.

Es una lástima comprobar que el discurso del PP en los últimos años en defensa de las víctimas de acoso de otras formaciones; que su indignación ante un problema estructural, que sus peticiones de explicaciones y responsabilidades sean solo eso, un discurso. Pero no uno cualquiera, sino un discurso hueco, sin un ápice de feminismo y, sin embargo, cargado de oportunismo e hipocresía. Una vez más, como con tantos otros asuntos, ha quedado de mostrado que al PP no le importan ni las mujeres ni las víctimas si no pueden instrumentalizarlas

El listón que el Partido Popular ha impuesto a otras formaciones ahora es incapaz de aplicárselo. Si siguieran su propia doctrina, deberían haber dimitido inmediatamente el alcalde de Móstoles, el número dos y la número tres de Ayuso, y la propia presidenta madrileña. Por lo que se conoce, no solo no creyeron ni protegieron a la víctima, sino que la habrían estado coaccionando para que no interpusiera ninguna demanda contra el alcalde de Móstoles, amenazándola incluso con expulsarla del partido.

Muy atrás quedan también las hipérboles denunciando los casos de acoso de otras formaciones, mientras ahora callan y se esconden cuando ha ocurrido, supuestamente, dentro de sus propias filas. No se trata de un caso puntual, sino de un patrón de conducta. El mismo que se empleó contra Nevenka en Ponferrada hace 26 años cuando denunció el acoso recibido por su alcalde. Los pasos han sido los mismos un cuarto de siglo después.

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