El presidente del Gobierno anunció medidas legislativas y regulatorias para hacer frente a los abusos de las grandes plataformas digitales y garantizar un entorno digital seguro, democrático y respetuoso con los derechos fundamentales
¿Quién va a defendernos del universo tóxico e impune en el que, desgraciadamente, se han convertido las redes sociales? Esta es la pregunta que cada uno debería hacerse. La respuesta, ya la hemos conocido estos días: proteger a los menores y reforzar el control en las redes sociales con medidas dirigidas a las plataformas digitales entre las que se incluye prohibir en España el acceso a redes sociales a menores de dieciséis años obligando a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad.
Y es que es ahora más que nunca cuando necesitamos líderes que respondan con valentía y hagan frente al complicado momento histórico que atraviesan España, Europa y el mundo. Porque lo que está en juego es la supervivencia del modelo del Estado de Bienestar, amenazado como están por quienes buscan derribar los avances conquistados.
La ultraderecha, su tecnocasta multimillonaria y sus algoritmos pretenden hacer caer los gobiernos progresistas para implantar su modelo, un modelo que causa dolor social a la mayoría y que solo trae beneficios para una élite privilegiada. Y ni siquiera lo hacen por ideología; lo hacen por dinero. Porque el respeto a las reglas y a los derechos de las personas son un obstáculo para sus negocios.
Por eso el anuncio del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, les ha enfurecido tanto: España prohibirá el acceso a plataformas digitales a menores de dieciséis años. Luchará para que sean un espacio sano, seguro y democrático. Por fin se regulará un ecosistema donde las leyes se ignoran, los delitos se toleran y el odio y la desinformación campan a sus anchas.
Prevalecerán las reglas que nos ayudarán a todos y a todas a que la tecnología no ponga en riesgo ningún derecho. A que la innovación fortalezca nuestra democracia, no la erosione. Y a que la ciencia sirva para mejorar la vida de la gente, no para que unos cuantos hagan caja a costa del dolor ajeno. Estas reglas nos ayudarán, en definitiva, a que ningún tecnoligarca pueda meterse en los teléfonos móviles de millones de ciudadanos para contarles mentiras, como ha hecho el dueño de Telegram.
