sábado, mayo 30

Ser de izquierdas en Semana Santa

La Semana Santa se repite, como todo ritual, sin que pueda faltar en ella ninguna de sus partes. Y mientras se desarrolla la Cuaresma, se preparan las cofradías y hermandades y todo se dispone para vivirla, también hay quien plantea si se puede ser cofrade o cristiano-católico y de izquierdas (incluso cofrade y ateo, que los hay). No es difícil encontrar estos días algunas publicaciones en las redes sociales o la prensa que hablan sobre ello, abordando con mayor o menor seriedad un asunto que suele generar controversia para quienes viven ese dilema y quienes quieren negar la posibilidad.

La representación de la muerte y pasión de Cristo y la celebración de su resurrección tienen una dimensión más amplia de lo estrictamente religioso, lo cual no niega que esta sea su condición básica, y sin entrar en otros aspectos como el turístico, artístico, cultural… Esa religiosidad popular también forma parte de las tradiciones e identidad de nuestros pueblos y la pertenencia a una cofradía o hermandad suele tener un importante componente de arraigo familiar y social. Para muchos, de izquierdas o no, la Semana Santa empieza en sus vidas como un hecho cultural y luego viene todo lo demás. Otra cosa es que lo confiesen.

El dilema entre ser de izquierdas al mismo tiempo que profesar la religión católica, o alguna religión, viene de lejos. Los movimientos obreros, origen del Partido Socialista, chocaron con la Iglesia al considerarla una aliada de la dominación y opresión de las clases bajas por parte de quienes tenían el poder económico, político y social. Peor fue en la dictadura franquista, aunque todo hay que reconocerlo, también hubieron curas y movimientos cristianos que lucharon en la clandestinidad por las libertades y derechos de los trabajadores. No así con el mensaje del evangelio o la Doctrina Social de la Iglesia, de la que nuestro compañero Paco Cámara nos hablaba este pasado verano en la Casa del Pueblo defendiendo que para él no se podía compartir lo que dice y no ser de izquierdas. Simplificando, la contradicción sería ser católico y de derechas.

En este sentido, hace solo unos días el diputado socialista Amador Marqués como acusaba a PP y VOX de «estar en una pugna por el voto cristiano». Trayendo a la actualidad fragmentos del evangelio, les decía desde la tribuna del Congreso «no hagáis como los escribas y fariseos, porque buscan aparentar y ocupar los primeros puestos, pero descuidan lo más importante, que es la justicia y la misericordia». Les pidió hacer examen de conciencia y propósito de enmienda, afirmó que «la fe es apertura al otro, al misterio; supone amor y esperanza. Nunca puede ser un azote para excluir». Se hizo viral, merece la pena verlo.

Pero cada uno puede ser lo que quiera. Y entendiendo que se pueden compartir ambas condiciones como algo complementario o por los puntos en común, también se puede ser ateo y participar en las actividades religiosas. Y en particular, un debate similar al que los socialistas nos enfrentamos es el de los cargos públicos. Yo, a pesar de ser creyente, siempre he entendido que los alcaldes y concejales participamos en estas, como en cualquier otra, como invitados y en representación de la institución a la que pertenecemos y a la gente que confió en nosotros. Por lo que nuestra presencia no es sinónimo de nuestra fe. Y quienes así lo ejercen, mezclando política y religión, se equivocan o lo hacen con mala intención. 

Esto es lo que le suele pasar a la derecha, que lleva años apropiándose de la religión católica como lo hace de otros símbolos y conceptos tan manoseados, como la bandera o la patria y de lo que no se escapa la Semana Santa. Un ejercicio político que abusa del tópico y se aprovecha, de que «a la gente le gusta ser patriota, pero no le gusta trabajar mucho. No le gusta el conocimiento, le gusta el cascarón», como decía Rodrigo Cuevas recientemente en televisión. Lo que también vale para explicar la relación, uso y manipulación de la derecha con la religión. Y para quienes se atrevan a romper el cascarón, desmontar el tópico de que no se puede ser de izquierdas y católico o cofrade.

Volviendo al principio, para entender la Semana Santa, nuestra relación y la de muchas personas con la religión hay que alcanzar una perspectiva más amplia y abierta de lo estrictamente religioso sin la que no se puede entender nada. Nadie debería intentar excluir ni sentirse excluido por su ideología. Esa visión es la que defenderé como militante de un partido que se define laico, pero en el que convivimos creyentes, ateos y agnósticos; que defiende la libertad religiosa, no como una postura cómoda, sino comprometida, como se ha podido comprobar estos días al alzar la voz en defensa de los cristianos a los que Israel no ha dejado celebrar misa en el Santo Sepulcro, y de la paz y los derechos humanos con ese No a la Guerra; y que, por descontado, seguirá apoyando como hasta ahora a la Semana Santa y a quienes la componen en nuestro pueblo.  

Aunque el año que viene y fieles a la tradición, volvamos a tener este debate.  

Rubén Ferrándiz, militante del PSOE y concejal en el Ayuntamiento de Pilar de la Horadada

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