La derecha y la ultraderecha se han empeñado en repetir como un mantra que lo que ocurre en Palestina “no es un genocidio”. Mientras miles de niños mueren bajo las bombas y un pueblo entero es reducido a escombros, ellos se atreven a maquillar la realidad con eufemismos y discursos vacíos. No es ignorancia: es complicidad.
Y ahí aparece Isabelita, siempre dispuesta a blanquear lo indefendible, la gran portavoz de lo superficial, dispuesta a hacerse la “valiente” cuando en realidad no pasa de ser el altavoz de lo más reaccionario y apolillado del ultimo y más escondido recoveco de la parte mas oscura de este mundo. Isabelita, la misma que ha prohibido que en los colegios madrileños se muestre el más mínimo apoyo a Gaza, la misma que prohibe por sus santos tacones cualquier exhibición de la bandera palestina. La que estrecha la mano a quien representa una barbarie.
Para ella y los suyos, todo se resume en slogans baratos y poses de tertulia, aunque detrás haya un pueblo masacrado. No le tiembla la voz para negar un genocidio, pero sí para hacerse la ofendidita si alguien cuestiona su foto o su última ocurrencia.
Decir que Palestina no está viviendo un genocidio es insultar a la inteligencia y, sobre todo, a las víctimas. Isabelita y los suyos quedarán retratados en la historia no como líderes valientes, sino como cobardes que prefirieron ponerse de parte del verdugo antes que defender a los inocentes.
Porque, le guste o no a la derecha, el silencio, la negación y la manipulación también matan. Y algún día, cuando ya no pueda esconderse tras titulares grandilocuentes, Isabelita tendrá que explicar por qué negó lo que millones de personas en todo el mundo sí se atrevieron a llamar por su nombre: genocidio.
Almudena Quesada, Concejal del Ayuntamiento de Pilar de la Horadada
