viernes, abril 17

La foto de Guillermo Fernández Vara

En España sabemos enterrar muy bien, se suele decir. Y con Guillermo lo podemos ver. Aunque en su caso, por la maldita enfermedad, pudo sentir el aplauso y el cariño de los suyos. Incluso advertir que no quería homenajes, ni medallas, ni plazas, porque ya se sentía homenajeado con su foto en las casas de muchos extremeños. Consciente de la lucha que estaba dando, luchando por seguir viviendo, viviendo lo importante que son las políticas que había defendido y puesto en marcha durante su carrera política.

Guillermo Fernández Vara fue concejal en su pueblo, consejero regional y luego presidente de Extremadura. Estos días la prensa recuerda que le ofrecieron ser ministro y no lo aceptó. O mejor dicho, no quiso salir de su tierra. Quizás porque nunca se creyó sus posibilidades en la política nacional. Seguro que porque amaba Extremadura y sus gentes. Nadie puede dudar de su compromiso con los extremeños, a los que dio voz en un panorama donde una comunidad autónoma como la suya tiene poca visibilidad.

Lo hizo siendo leal a España. Igual que supo ser crítico dentro del Partido Socialista sin ser desleal al secretario general. Nunca apoyó a Pedro Sánchez en las primarias internas, pero formó parte de sus direcciones al frente del partido. Demostró cómo tener un perfil propio, defender los intereses de tu tierra y hacerlo dentro del proyecto colectivo del partido. En
alguna ocasión nos recordó que ser socialista es ser crítico. Y sin decirlo, nos demostró cómo hacerlo, a diferencia de algún mal ejemplo de cómo serlo. Sin dar juego a la prensa ni al rival, pero sin permanecer callado.

Cogió el relevo de Rodríguez Ibarra y continuó el proyecto de modernización, bienestar, igualdad y progreso en una comunidad autónoma situada siempre a la cola. Estos días se ha viralizado un vídeo donde ponía el nivel de fracaso escolar como ejemplo de los buenos resultados de esos gobiernos. Orgulloso de lo que suponía. Y en sus últimas apariciones públicas, ya como enfermo de cáncer, reivindicó la sanidad pública y lo agradecido que se sentía a sus profesionales y la gente que paga impuestos mientras le aplicaban el tratamiento. Defensor de las políticas socialistas hasta el último día.

Tendría sus defectos, pero en política siempre practicó el diálogo y tendió puentes. Algo que le han reconocido sus contrincantes. Y más allá de los suyos, consiguió el respeto de los rivales. Una manera de entender y hacer política que ahora es casi imposible. Y por lo que, junto a todo lo anterior, hace importante su figura y su legado. Recordarlo y practicarlo es el
mejor homenaje que le podemos hacer. Como Rubial, Lluch, Rubalcaba y otros tantos compañeros, Guillermo siempre será un referente y su inspiración será su mejor foto en las Casas del Pueblo.

Rubén Ferrándiz, portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Pilar de la Horadada

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