viernes, noviembre 6

Todos los políticos no son iguales

Los accidentes y negligencias con dimisiones pendientes en el PP

Las críticas a Óscar Puente y a la gestión que el Ministerio de Transportes ha venido haciendo del sistema ferroviario durante estos años vienen siendo una constante durante los últimos días. El accidente de Urda ha elevado el tono de los mensajes que se han propagado contra el ex ministro.

El tono de las críticas venía siendo especialmente elevado tanto contra el ya ex ministro como contra el presidente del gobierno Pedro Sánchez. Finalmente, el martes, tras una semana dedicado a gestionar los primeros momentos posteriores a la tragedia y tras soportar el aluvión de denuncias que no se dirigían únicamente hacia su persona, el ex ministro comunicaba ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados su decisión de dimitir como titular del Ministerio y de renunciar, también, a formar parte de las listas electorales en el PSOE para las elecciones generales del 29 de noviembre. 

Esta decisión no hacía cesar los reproches que se le han hecho en las redes sociales estos últimos días. Un ejemplo fue el que dejó en su perfil de X el vicesecretario de Hacienda del Partido Popular, Juan Bravo, quien aseguraba que «la dimisión de Puente es una confesión de culpabilidad de él, y sobre todo, de quién le nombró y le permitió seguir en su puesto. No es ningún acto de dignidad. Es una dimisión que llega 116 vidas tarde».

No quieren que lo sepas, pero habría que recordar en estos momentos las diferentes ocasiones en las que responsables públicos del PP que estando en gobiernos nacionales, autonómicos o locales y ocurriendo diferentes tragedias que consternaron al país ni presentaron su dimisión ni asumieron responsabilidades de ningún tipo.

No dimitió Trillo después del Yak-42. No dimitieron Camps y Barberá tras el accidente de MetroValencia. No dimitió Ana Botella después del MadridArena. No dimitió Ana Pastor tras Angrois. Han permitido que Mazón siguiera de presidente un año y que aún se mantenga como diputado.

El 26 de mayo de 2003, un accidente aéreo conmocionó al país. El avión Yak-42 contratado para trasladar a militares españoles desde Afganistán se estrelló cerca de Trabzon (Turquía) cuando regresaba a España. Murieron sus 75 ocupantes, entre ellos 62 militares españoles y 13 miembros de la tripulación. La tragedia estuvo marcada también por irregularidades en la identificación de los cadáveres, las pruebas realizadas años después confirmaron que 30 de los cuerpos habían sido identificados erróneamente.

En 2017, catorce años después, el propio Ministerio de Defensa reconoció la responsabilidad patrimonial de la Administración, cuando el Consejo de Estado concluyó que “existían circunstancias previas que permitían advertir del riesgo del transporte contratado”.

Federico Trillo, ministro de Defensa durante el Gobierno de José María Aznar, no dimitió.

En julio de 2006, Valencia vive otra de las tragedias que marcaron la gestión de un gobierno del Partido Popular. El tren 3736 de la línea 1 de Metrovalencia descarriló en una curva próxima a la estación de Jesús mientras circulaba a 80 kilómetros por hora, el doble de la velocidad permitida. El vuelco de los vagones provocó 43 fallecidos y 47 heridos. El accidente abrió una larga batalla de las víctimas y sus familiares para esclarecer lo ocurrido y exigir responsabilidades. La investigación judicial se llegó a archivar en varias ocasiones, hasta que se reabrió y terminó con un acuerdo por el que cuatro antiguos responsables de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana admitieron los hechos.

Ni Francisco Camps, presidente de la Generalitat, ni Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, abandonaron sus respectivos cargos por el siniestro.

Madrid, también quedó marcada por el suceso del Madrid Arena. En la madrugada del 1 de noviembre de 2012, una avalancha humana en una fiesta de Halloween celebrada en ese recinto acabó con la vida de 5 jóvenes de entre 17 y 20 años. La investigación judicial acreditó que se habían vendido miles de entradas por encima del aforo autorizado, además de señalar el cierre de vomitorios y una deficiente gestión de accesos y movimientos de los asistentes. El promotor del evento, fue condenado a cuatro años de prisión, también dimitieron algunos responsables municipales.

Ana Botella, entonces alcaldesa de Madrid, no dimitió. 

El accidente ferroviario de Angrois, en Santiago de Compostela, es uno de los episodios más graves de la historia reciente del transporte español. El 24 de julio de 2013, un tren Alvia que viajaba entre Madrid y Ferrol descarriló provocando la muerte de 80 personas y dejando numerosos heridos. Circulaba a 179 kilómetros por hora en un tramo cuya velocidad máxima estaba limitada a 80. La investigación señaló de inmediato al error humano por exceso de velocidad y falta de atención del maquinista como causas del siniestro. Pero también se cuestionaron las condiciones de seguridad y señalización de la infraestructura.

Ana Pastor, entonces ministra de Fomento en el Gobierno de Mariano Rajoy, permaneció en el cargo y no presentó su dimisión. 

Y cierro esta relación con la DANA del 29 de octubre de 2024, que dejó 233 víctimas mortales en nuestra Comunitat Valenciana. Las inundaciones arrasaron municipios enteros y la gestión de la emergencia quedó bajo una intensa controversia por el retraso de las alertas a la población y la actuación del Gobierno autonómico con su presidente al frente que no atendió su teléfono, que llegó horas tarde al CECOPI porque prefirió seguir con su comida en El Ventorro, que mintió cruelmente en diferentes y reiteradas ocasiones y que aún hoy no ha dado ninguna explicación coherente. Dimitió forzado por los familiares de las víctimas, pero volvió a ser foco de polémica al tomar la decisión de conservar su acta de diputado en Les Corts, su chofer, su vivienda, su asesor, su sueldo, sus dietas… mientras -como aforado- la investigación judicial continúa abierta.

Carlos Mazón acabó dimitiendo como presidente de la Generalitat un año después.

Se repite la falacia de que todos los políticos son iguales. Alimenta esa reiteración la extrema derecha y la derecha más rancia, consciente de que esa mentira en la calle les dará unos cuantos votos. Pero no…

¡NO TODOS LOS POLÍTICOS SON IGUALES!

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