lunes, abril 27

Se cumplen 40 años de la Ley General de Sanidad, el mayor tesoro de nuestra democracia

De la Sanidad Pública a la amenaza de la privatización: existen razones para defender el sistema público de salud y celebrar cada año la aprobación de una ley que supuso una de las conquistas más importantes para los españoles

Los 80 fueron, como todos sabemos, los años de la Movida, de los coleteros fosforito y de la caída del Muro de Berlín, pero de lo que quizás no somos muy conscientes es de que, el 25 de abril de 1985, nació una Ley que cambiaría la forma de vivir de los españoles y que haría de nuestro país lo que es ahora: se trata de la Ley General de Sanidad.

Hace 40 años, no todos tenían cobertura médica a través de la Seguridad Social. Si no eras un trabajador asalariado dependías de la beneficencia o de tener dinero ahorrado para poder pagar ya fuera una simple consulta médica, un tratamiento crónico o una operación. Eso que hoy vemos tan normal como ir al médico, no lo era hasta los gobiernos socialistas de Felipe González.

Aquella era una realidad a la que el PP quiere que volvamos. Porque siempre han entendido la sanidad como una buena oportunidad de negocio. Todo empezó en 1999, desde el Hospital de Alzira y con Eduardo Zaplana como presidente de la Generalitat Valenciana. El mismo modelo que luego inspiró el nuevo Hospital de Torrevieja, del que dependemos los pilareños y pilareñas.  

En el 2012, en lo peor de la crisis y justo cuando la población más necesitaba un gobierno empático y social, Mariano Rajoy recortó 7.000 millones de la sanidad, suprimió la universalidad para 900.000 migrantes e implantó el copago farmacéutico. Con esto quedó una cosa clara: la sanidad no era un derecho consolidado e inamovible, era un privilegio que se podía recortar.

Desde la aprobación de la Leu General de Sanidad, impulsada por el ministro Ernest Lluch, los socialistas hemos defendido que la sanidad pública es (y debe seguir siendo) un pilar básico de nuestra democracia que no se puede privatizar, que no puede gestionarse como un negocio, porque con la salud de la gente no se juega, ni los beneficios de una empresa pueden estar por encima de la vida de nadie.

La sanidad universal garantiza la igualdad real

Sin este sistema, la salud pasa a depender, como en otros países que conocemos bien, de tu cuenta bancaria o tu lugar de origen. Los cribados dejan de ser un criterio médico y pasan a ser una decisión administrativa que puede dejarte fuera del sistema si no cumples los estándares fijados. O puede dejarte endeudado para el resto de tu vida, esa vida que tanto dinero te ha costado salvar.

Es eficiente, por mucho que nos intenten hacer creer lo contrario

Uno de los mantras que la derecha repite machaconamente es eso de que «lo privado gestiona mejor». Pues bien, la evidencia nos muestra lo contrario: los sistemas públicos universales son más eficientes en términos de coste y en resultados de salud. Porque el paciente es un enfermo al que hay que cuidar y curar, no un cliente con el que debes maximizar beneficios para cumplir unos objetivos empresariales. Así que sí, gastan menos ‑a costa del paciente- y ganan más. ¡Eh!, es el mercado, amigo y los accionistas no viven del aire.

La sanidad universal nos protege a todos

Ya lo vimos durante la pandemia del Covid-19: nuestro sistema de salud respondió con planificación, inversión pública y vocación de servicio. Y no solo curó individuos, si no que protegió a la comunidad en su conjunto. Sin dejar a nadie fuera. Las vacunas, la atención primaria, la vigilancia epidemiológica, todas esas cosas no funcionan con una lógica de mercado ni tratando a unos sí y a otros no. Ya vimos lo que ocurrió en Madrid y no queremos que se repita.

Es representativa de nuestra sociedad y de nuestra solidaridad

Es el pacto de cuidado mutuo más grande que hemos firmado como país. Nos recuerda que somos una comunidad y que todos cuidamos de todos para que nadie se quede atrás.

La sanidad pública no utiliza tus datos médicos en tu contra

En los tiempos del big data y la IA, debemos ser conscientes de que nuestros datos médicos son el nuevo oro y que, en un escenario de privatización, serán utilizados para vendernos tratamientos, subirnos la cuota o, directamente, expulsarnos porque «ya no somos rentables». Blindar el sistema que nos cuida es asegurarnos de que no sea un algoritmo el que decida sobre nuestra vida.

Cuando oímos eso de «yo me voy a la privada», es cuando toca defender lo público, lo de todos y todas, frente a quienes caen en la trampa de la derecha. Hay motivos para hacerlo y existen argumentos de sobra. Desde el Partido Socialista seguiremos haciéndolo y celebrando cada año la aprobación de la Ley General de Sanidad como una de las conquistas más importantes de los españoles.

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