viernes, abril 17

El abandono del Bienestar Animal en Pilar de la Horadada: una deuda moral y política del Ayuntamiento

Pilar de la Horadada atraviesa una situación insostenible en materia de bienestar animal. Lo que debería ser una política pública seria, planificada y con recursos se ha convertido en un conjunto de actuaciones improvisadas que solo buscan contener el problema sin resolverlo. Desde la Concejalía de Bienestar Animal se actúa sin estrategia, sin coordinación y, sobre todo, sin compromiso real.
El Ayuntamiento ha optado por las soluciones temporales: campañas puntuales, recogidas apresuradas y respuestas a golpe de queja vecinal. No existe un plan integral que permita gestionar de forma eficaz las colonias felinas, prevenir el abandono o promover la tenencia responsable.
Aunque la legislación obliga expresamente a los ayuntamientos a disponer de un programa CES (captura, esterilización y suelta) activo y efectivo, en Pilar de la Horadada este programa es poco más que una declaración de intenciones publicada en la web municipal. No existen datos oficiales, informes públicos ni cifras que demuestren que el plan se esté aplicando realmente. Todo indica que, más allá del anuncio, no hay una gestión estructurada ni una planificación real detrás.
En la práctica, la labor que debería liderar el Ayuntamiento recae en los voluntarios, que son quienes, con sus propios medios y recursos, están realizando las tareas que competen a la administración. Resulta especialmente grave que haya tenido que transcurrir más de media década de legislatura para que la Concejalía de Bienestar Animal empiece a identificar quiénes son esos voluntarios. Durante seis años, la concejala responsable ni siquiera se ha tomado la molestia de conocer a las personas que, de forma altruista, están asumiendo sus obligaciones institucionales.
Esta situación pone de manifiesto una clara dejadez política. La ausencia de un programa CES permanente y fiscalizado no solo incumple la normativa, sino que agrava el problema: sin control poblacional, la cantidad de gatos callejeros seguirá aumentando, los conflictos vecinales se multiplicarán y los costes económicos serán cada vez mayores.
Mientras otros municipios avanzan con políticas modernas y sostenibles, Pilar de la Horadada sigue anclada en la improvisación. No hay campañas de educación, ni talleres en colegios, ni acciones de sensibilización ciudadana. La conciencia sobre el respeto animal no puede crecer si las instituciones dan la espalda al problema.
Lo más preocupante es el papel al que se ha empujado a los voluntarios. Son ellos, no el Ayuntamiento, quienes sostienen con su dinero, su tiempo y su inestimable esfuerzo la atención diaria de las colonias felinas. Se han visto en la obligación de tener que mendigar agua a través de redes sociales para cubrir las necesidades básicas de los animales, como ha ocurrido en la colonia de Las Mil Palmeras. Es intolerable e indignante que en 2025 el consistorio permita que sean los vecinos quienes suplan su abandono institucional.
Tampoco existen infraestructuras municipales adecuadas. No hay un centro de acogida ni un espacio público destinado al bienestar animal. Todo se fía a protectoras saturadas y a acuerdos temporales que no solucionan nada. Se habla mucho, se publican fotos y se hacen promesas, pero la realidad en las calles sigue siendo la misma: animales desprotegidos, vecinos frustrados y una administración ausente.
El bienestar animal no puede depender de la buena voluntad de unos pocos. Es una obligación legal y moral del Ayuntamiento. Gobernar también significa asumir responsabilidades, y la protección de los animales es una de ellas.
Pilar de la Horadada podría ser un ejemplo en la comarca y a nivel nacional, pero la falta de planificación, la inacción política y el desinterés institucional nos han hecho retroceder. No se puede hablar de bienestar animal mientras se niegan los recursos y se abandona a quienes lo defienden desde el voluntariado.
El cambio pasa por una cosa muy simple: voluntad política. No bastan las fotos ni los discursos; hacen falta hechos. Porque el bienestar animal no se improvisa: se gestiona, se planifica y se respeta.

Ismael García Parra

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